El placer de escribir a mano

Ocho horas en frente del ordenador, aquella sensación de que los párpados te caen, los ojos te pican y no paras de parpadear porque la pantalla se te vuelve borrosa a cada palabra que intentas teclear.

Una sensación desagradable pero sabes que debes continuar porque, después de ocho horas, tu jornada de trabajo todavía no ha terminado. La inspiración está allí y no puedes desaprovecharla. 

Media hora más tarde te levantas, vas un momento al baño, te pasas agua por la cara y por los ojos y te miras al espejo. Llevas unas ojeras que te tapan media cara, pero no porque no hayas dormido, sino porque el blanco del papel que tienes reflejado en la pantalla, ya no te deja ver nítido el resto del mundo cada vez que apartas la mirada de la pantalla o del teclado.

Te vuelves a sentar en frente del ordenador, pones los dedos en posición de escribir, pero antes de teclear una sola letra más, cierras la pantalla del portátil y lo apartas a un lado. Te diriges a la estantería y coges aquella libreta que tenías allí olvidada, como un objeto que ya no formara parte de tu día a día. Como si hubieras abierto el baúl de los recuerdos y descubrieras aquello que ya no te acordabas ni de que existía.

Te diriges a la mesa y te sientas en ella, abres la libreta y el olor a páginas nuevas te invade igual que lo hace el olor a tinta cada vez que empiezas un nuevo libro. Coges un bolígrafo y comienzas a escribir lo primero que te viene en la mente. De repente es como si todo cobrara sentido, como si las palabras se escribieran por si solas. Todo fluye, la tinta va corriendo por la hoja en blanco que tienes en frente.

Los ojos dejan de escocerte, tu alrededor deja de estar borroso y todo tú eres transportado a un mundo paralelo, un mundo donde solo existen las palabras, los sentimientos, las emociones… un lugar donde no hay cabida para el mundo exterior. Estas en tu burbuja y esto nadie te lo puede quitar.

Este señor@s mí@s es el placer de escribir a mano. El placer de escribir en cualquier parte, en cualquier rincón del mundo, donde solo necesitas una libreta y un bolígrafo.

Imaginaos escribiendo a la cima del todo de una montaña envuelto por un silencio absoluto. O tumbado en la arena en un atardecer de primavera. O en un bar mientras esperas aquel amig@ que siempre llega tarde. En cualquier momento, en cualquier hora, en cualquier situación, una libreta siempre será tu mejor compañera de “viaje”.

Todavía hay personas que me ven escribiendo y me preguntan, “¿por qué escribes a mano? Yo no podría”, y mi respuesta siempre es; me encanta perderme en un mar de palabras escritas por mi puño y letra. Me encanta el olor a tinta y a papel. Adoro el placer que siento cada vez que termino una página y puedo pasar a la siguiente, el placer de empezar libretas nuevas, cada una distinta a la otra. Me gusta abrir el bolso y saber que está allí, que nunca me falla y que es capaz de plasmar a la perfección mis pensamientos, de entender cómo me siento y sobre todo, de no juzgarme por lo que le cuento, por como soy y por como me gusta vivir y ver y entender el mundo.

Simplemente, jamás podré comparar un ordenador con una libreta, el placer y satisfacción, jamás van a ser el mismo. 

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