Espíritu guardián de los árboles

Hyldemoer, el espíritu guardián de los árboles en la mitología nórdica

Para los vikingos, talar un árbol viejo, sin el debido consentimiento, era una aberración. Esto se debe a que creían que dentro de los árboles centenarios vivía el espíritu guardián conocido como Hyldemoer.

Para los elfos de la luz, habitantes de Alfheim, los árboles centenarios eran imprescindibles para realizar sus rutas de peregrinación. Es por eso, que:

«Si un hombre tiene el valor de talar un árbol memoriable, casi sagrado para los elfos, el odio de estos terminará cayendo, no sólo encima del culpable, sino de toda su familia».

Otros seres que también se dice que amaban dichos árboles son las Asradi, las sirenas de la mitología nórdica que se alimentaban de las raíces de dichos árboles.

Pacto entre los vikingos y Hyldemoer

No obstante, la madera de los árboles viejos y centenarios iba muy bien para la construcción de sus barcos, así que consiguieron llegar a un acuerdo con Hyldemoer.

¿Cómo fue este acuerdo?

Según cuenta la leyenda, los vikingos ofrecieron todo tipo de sacrificios (incluso de humanos) al espíritu Hyldemoer. No obstante, esto no convenció al espíritu. Y a pesar de que los vikingos pintaron la madera de dichos árboles con la sangre de sus sacrificios, éstos no la absorbieron. Y todos los barcos, construidos con la madera de los árboles centenarios que talaron, terminaban hundiéndose en medio del mar.

Frente a estos sucesos, los reyes de los nueve mundos, incluido Odín y el resto de dioses, mostraron su preocupación. Ésta era tal que comenzaron a ofrecerle regalos divinos en vez de sacrificios como:

  • Naglfar, el barco fabricado con las uñas de los einherjers caídos en la batalla del Ragnarok.
  • Una trenza de Sleipnir, el caballo de Odín.
  • El bastón con la punta de calavera de Hela, la diosa de la muerte.

Pero no sirvió de nada. Hyldemoer no dejó que nada la persuadiera.

Ni las amenazas del martillo de Thor, Mjolnir, ni los terribles hechizos de Freya, ni las Valkirias… Sirvieron de nada.

Sólo un hombre, un mortal proveniente de Midgard consiguió averiguar qué era lo que Hyldemoer quería a cambio de sus queridos árboles. Un juramento.

Desde entonces, cada vez que un midgardiano decidía cortar un árbol debía pronunciar lo siguiente:

Madre Anciana, a cambio de tu madera te ofrezco la mía, cuando yo mismo dé sombra, cuando yo mismo sea árbol.

Y es que aquellos que corten un árbol viejo deberán ser enterrados a los pies de un árbol joven, y ser ellos mismos savia, madera y árbol. Un trato que puede parecer justo, pero que aquel que muere de esa forma pierde los privilegios para irse al Valhalla.

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