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Hela, la diosa de la muerte y reina de Helheim

Hubo un tiempo en que la oscuridad lo ocultó todo bajo una niebla de sombras y tinieblas surgidas del Helheim, el mundo de la muerte de la mitología vikinga. Situado en las últimas raíces del Yggdrasil, se encuentra el mundo de Hela, la diosa de la muerte. Una de las mujeres más poderosas de todos los tiempos.

El mundo de Helheim

El submundo, conocido como Helheim o Hel, era un lugar oscuro y lleno de almas. En él iban aquellos que su hilo de la vida había sido cortado por las Nornas y habían muerto de viejos, de enfermedad o por haber cometido algún delito. Estos últimos pero, iban a una sala completamente separada del resto de almas.

Nastrand (playa de cadáveres), era una sala dentro del reino De Hel con las paredes recubiertas de serpientes venenosas que no paraban de escupir veneno llenándolo todo de vapores venenosos.

Todas las almas que terminaban allí, una vez pasaban de la vida a la muerte, se encontraban frente a unas enormes puertas custodiadas por Garm, el perro guardián de Hel. Una vez se entraba en él, ni siquiera los dioses podían salir a causa del interminable río, Gjöll, que lo rodeaba.

Hela, la diosa de la muerte de la mitología vikinga

La diosa Hela era la reina del inframundo. Ésta era hija del dios Loki y de la giganta hechicera proveniente del Jötunheim, Angrboda.

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Su cuerpo, de mitad de cintura para arriba era el más hermoso de todos, parecía una diosa sacada de Asgard pero, de cintura para abajo era un cadáver en descomposición. Un ser horripilante que podía asustar a cualquiera que la viera.

Según leyendas nórdicas, Hela era representada de esta manera por qué así era cómo los hombres veían la muerte. Algunos placentera y otros una agonía.

Viaje a Helheim

En la mitología escandinava, una vez un hombre o mujer moría, empezaba su viaje, nueve días vagando por el submundo hasta llegar a su destino, el palacio de Helheim para pasar allí el resto de su eternidad.

A lo largo de este viaje, tenían que superar tres pruebas si querían llegar a su destino.

Primera prueba

Modgud, la giganta virgen con aspecto de esqueleto que custodiaba el puente, el primer obstáculo a superar para llegar a Helheim.

Postrados frente al puente, los hombres y mujeres eran interceptados por Modgud. Éstos, sólo podían cruzar si respondían con total sinceridad las preguntas de Modgud. Nombre, cargo y razón de su muerte. Todos aquellos que mentían estaban privados de continuar su viaje y su alma vagaba por el lugar por el resto de la eternidad.

Segunda prueba

El Bosque de Acero, un bosque repleto de árboles y plantas hechas de acero. Para continuar el viaje éste debía ser cruzado, pero no era tan fácil. En él había trolls y seres que se convertían en la persona que más amaba el hombre o mujer muerta y lo persuadía para que se quedara a su lado, provocando que nunca pudiera llegar a su destino.

Muy pocos conseguían cruzarlo para llegar hasta su destino.

Tercera y última prueba

Las puertas de Helheim, palacio de Hela. La última prueba que debían superar los hombres y mujeres que habían emprendido su viaje a Helheim era Garm, el perro guardián de la diosa de la muerte.

Para poder cruzar dichas puertas y ser bien recibido en Helheim se debía entregar una ofrenda a Garm. Él valoraba si la ofrenda era digna de entrar en el palacio de Hela. En caso negativo, aquella alma era desterrada a vivir en cadenada por los tiempos de los tiempos en la entrada de Helheim.

Escritora y Periodista.

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