Heimdall, guardián del arcoíris en la mitología nórdica

Asgard, el mundo de los dioses y Midgard, el mundo de los humanos, siempre han estado unidos por un puente hecho de un arcoíris. Dos mundos completamente distintos, pero en el que Asgard siempre ha otorgado su protección.

Cuentan las leyendas que este arcoíris era protegido por el poderoso guardián Heimdall. Él era quien tenía la potestad para decidir quién cruzaba su puente y las puertas que conducían a Asgard.

Pero, ¿quién era en realidad Heimdall?

Nacimiento de Heimdall

Muchos años atrás, Odín paseaba por la orilla del mar. Durante su paseo vio a nueve bellas gigantas, las doncellas de las olas. Estas estaban completamente dormidas encima de las blancas arenas. Sus nombres eran Gjalp, Greip, Augeia, Ulfrun, Aurgjafa, Sindur, Alia e Iarnsaxa.

El Dios de los dioses, en verlas, se enamoró completamente de estas hermosas criaturas y se desposó con las nueve doncellas. Tal y como relatan las Eddas, al terminar el enlace, estas se combinaron entre ellas en ese mismo instante. Tras este fenómeno, trajeron al mundo un hijo al que le pusieron de nombre Heimdall, futuro guardián del arcoíris. 

Heimdall fue alimentado con la fuerza de la tierra, la humedad del amor y el calor del Sol. Esta fue la clave para que el nuevo dios creciera a una rapidez vertiginosa, haciendo que pudiera reunirse en Asgard con su padre.

Llegado a Asgard, encontró a los dioses observando con orgullo el arcoíris del puente Bifrost, que acababa de ser construido con fuego, aire y agua. Todavía en este, siguen brillando y predominando los tres colores principales de estos materiales; el rojo del fuego, el azul del aire y el verde a las frescas profundidades del mar.

Heimdall, guardián del arcoíris

Este puente unía el cielo con la tierra hasta las profundidades de las sombras del Yggdrasil, allí donde se encontraba el manantial de Mimir. No obstante, la magnífica creación con el tiempo se convirtió en una preocupación, los dioses temían que los gigantes de hielo lograsen cruzarlo y terminasen con Asgard.

Algunos de los dioses propusieron asignar un guardián que se encargara de la protección de dicho arcoíris, y el candidato perfecto fue el recién llegado, Heimdall. Este, tras escuchar sus peticiones aceptó, velando día y noche el sendero que se adentraba en Asgard.

Para que su protección fuera completa, los Aesir o asgardianos otorgaron a Heimdall sentidos mucho más desarrollados que cualquier dios para que pudiera detectar cualquier enemigo desde lejos.

Además, también le proporcionaron una reluciente espada y un maravilloso cuerno trompeta, llamado Gjallarhorn, para que lo hiciera sonar ante cualquier peligro y advertir al mundo de Asgard.

Heimdall siempre ha sido representado con una resplandeciente armadura blanca, haciendo que fuera conocido como el “dios brillante”. También lo llamaban el dios delicado, inocente e indulgente por su bondad y hermosura, gracias a su dentadura de oro, ganándose el sobrenombre de Gullitani (el de los dientes de oro).

El guardián del arcoíris se movía de un lado a otro con su veloz corcel, Gulltop, también de oro.

Y esta es la historia del conocido guardián y protector del arcoíris que unía Asgard con Midgard, ofreciéndoles su seguridad y protección para evitar que los gigantes de hielo o cualquier ser malvado pudiera cruzarlo.

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Escritora y Periodista.

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