espada_de_tyr_norsemen

La espada de Tyr, dios de la guerra de la mitología nórdica

Hubo un tiempo en que la destrucción de los nueve mundos del Yggdrasil, el árbol de la mitología nórdica, era inminente. El Ragnarok, el apocalipsis que debía terminar con todo, acechaba encabezado por Hela, la reina de las tinieblas, la diosa de la muerte que habitaba en Helheim.

Cuando la gran guerra estalló, Tyr, el dios de la guerra e hijo de Odín, Dios de los dioses, fue quien encabezó la lucha entre los mundos. Empuñaba su poderosa espada, forjada por los enanos, hijos de Ivald, creadores de la lanza de Odín.

La espada de Tyr, dios de la guerra de la mitología nórdica

Tyr, subido encima de su enorme caballo negro y vestido con una armadura dorada reluciente, empuñó su espada en el aire mientras brillaba a consecuencia del fuego, la oscuridad y la muerte que se habían apoderado del campo de batalla. Una tierra llana entre volcanes, conocida como Nonesmanneslond, tierra de nadie. Un lugar neutral, donde morir significaba desaparecer para siempre de cualquier mundo y, el único futuro que podías esperar, era terminar reducido a cenizas o convertido en un alma perteneciente a Helheim, para ser en un esclavo de Hela.

Todos los seres de los nueve mundos se enfrentaban para conseguir la victoria absoluta que les permitiría sentarse al Hlidskjalif, el trono de Odín, Dios de todos los dioses y seres vivientes de los ocho mundos restantes. Pero Tyr, con su espada, forjada por los mismos enanos, hijos de Ivald, que habían creado la lanza de Odín, era invencible. Su poder era tal, que era capaz de matar a cualquier enemigo o amigo que se interpusiera en su camino.

Pero lo que Tyr y los dioses desconocían era que los enanos, cansados de vivir encerrados en las cuevas de su mundo, Svartalfheim, y obligados por las divinidades de Asgard de forjar espadas y armas poderosas para ellos, maldijeron la espada de Tyr. Un conjuro que provocaba que cada vez que la espada era blandida una vida terminaría, pero si era blandida para un combate injusto, sería su dueño el que moriría.

Y así fue como la espada, que tenía que volver invencible a Tyr, se convirtió en la causante de su muerte. En la batalla del Ragnarok, la espada de Tyr fue tomada por la oscuridad de las tinieblas. La reina de la muerte la empuñó con fuerza y sin ningún miramiento la clavó en medio del corazón de su propietario.

Odín, desde su imponente palacio, Valhalla, observó cómo la espada de su hijo Tyr volvía a postrarse en el templo donde era protegida. Estaba colgada de forma que reflejara los primeros rayos de sol matinal. En ese instante, fue consciente de la muerte de su hijo Tyr, el dios de la guerra.

Escritora y Periodista.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *